jueves 10 de diciembre de 2009

Un rayo de sol en la oscuridad

Abriendo puertas encontró su alma, perdida desde hacia tanto. Cuando empezó el camino tortuoso del olvido, recordó que había hecho tanto por ella, empezó a olvidar de pronto que los día pasaban infinitos, las cuerdas tristes de la guitarra tenían un sabor vacío, nada era llenado por este correr de minutos inservibles...hasta que al fin ocurrió.
Subía los escalones con paso de muerte, mi ansia era llegar y encontrarme con la gente, con el mundo. Vestido de negro, de pies a cabeza, parecía que marchaba a la guerra, con la armadura a cuestas mi valentía crecía como un odio dentro de mí. Besé el suelo inmaculado de la sonrisa, ella me miraba de lejos cuando llegaba. No me atrevía a cruzar palabra, era cobarde, sin embargo, ese noche seria distinta, tan distinta a las otras.
Encendí un cigarrillo, la espera hacia delicias con mi alma. Pensaba en tantas cosas al tiempo, que sólo deseé el final de la noche para poder sentir que mi alma de nuevo me pertenecía. Qué dulzura de beso, la lujuria es un bálsamo de pecado, sus labios rojos latieron, dentro de mí sentía su tacto de princesa, las manos frías, su aliento que lo consumía todo. Era un fuego glaciar. Yo quería conservarle, hacerla mía por siempre, pero como estas líneas su final era incierto. Desperté de pronto, la cama estaba revuelta, como si la sed de amor nunca hubiera cesado. Miré alrededor, buscando su figura, volver a verla seria el premio a la falta de cordura...no estaba. En la mesa encontré un párrafo mal escrito, era esta historia hiriente, a grandes rasgos, mi ropa de negro color descansaba aún en el armario, había soñado toda esta noche de gloria. Pensé que quizá estaba loco, sólo los sueños son más poderosos que mil tristes realidades.

La noche de la despedida

Hubo una noche sin tregua, hace años, cuando de repente todo se derrumbó, sin mediar palabra, el castillo de bellos naipes se hizo pedazos. Ésta es la historia de todo aquello...
Cuando despertó se dio cuenta que no podía pronunciar su nombre. Le había llamado tantas veces, en cada una de sus células ella estaba como un sino despiadado. Entonces, salió a la calle, para buscarse el valor de volver a llamarla, con su nombre, con la propiedad misma de haberla amado desde antes de la memoria. Vio que la luna estaba diáfana, las sombras eran pocas, la noche provocaba una tristeza débil, pero constante. En su cuerpo de niño hombre una sed crecía sin dueña, era el amor, pensó de pronto, pero calló, su aliento debería recuperar el nombre perdido desde hacia tanto. Subió los peldaños de ensueño, cerró los ojos, el humo del cigarrillo le estorbó la vista justo antes de verla. Un estremecimiento de rabia y amor le hizo perder el rumbo, la sangre latía dentro de su cuerpo, era un castigo los segundos, el beso interrumpido, la savia de su alegría era la sed apagada en los labios que no eran suyos. Volvió la vista, ella miró desde lejos, en las comisuras de sus labios un hilillo de sangre surgió de pronto, le había perdido, era cierto, en su boca quemó el nombre nunca más dicho, era el tiempo del silencio, de amar sin quién amar, de perderse, en el olvido.

martes 30 de junio de 2009

Despedida y Retorno

Entre mis manos rotas, amor mío,traigo las rosas tristes y fulgurantes.la noche se ha inclinado, oscura y errante,llena toda de vientos en desgracia.En este violín herido que es mi alma,cantarán las cosas perdidas en su capitel caído,con los ojos de ansia, las lágrimas se beben el papel de los cantos,en esta mansión del dolor te recuerdo.Eras la poesía y yo las manos diligentes,ávidas, presurosas de tallar tus palabrasen los árboles y en la plata,no importaban ya estas manos ásperas y rotasque desvestían tu cuerpo invadido por las sombras.La desventura de conocerme hizo tu faz doliente.Caminabas taciturna, ebria de silencios,con la mirada luctuosa,yo te veía mientras las espinas herían tus dedos,esas rosas te herian también el alma.Una ajena melancolía de ecos tocó mi puerta,recordé lo que eras, lluvia sol, agua,eras la poesía y yo las manos estragadas.Tomé una pluma, una cuartilla, un beso rodantey tu mirada luctuosa,y me convertí en poeta para cantar a cada una de las luces de tu alma.Desde entonces las cosas están en su capitel caido,y la mansión derruida aún guarda las penas insaciables,cuando se torna blanco y negro tu alegríainfinita,como infinita eres asi son mis cantos,y escribo versos de luz y sombra,para tí, amada dolorosa.

martes 16 de junio de 2009

Alba

Si fuese hombre de sed insaciable,
me beberia tu piel
a sorbos lentos
como lo hace la luna
cuando ya la noche
se le agota
en su copa celeste
y determina
que es tiempo de marcharse
con su séquito de estrellas
cuando abre paso
al radiante astro
que asi como eres tú
heredera de mi amor
asi lo es él del día.
Desnudos nosotros
con el beso de lira
y los girasoles prendados
en los labios pertenecidos
felices,
embebidos de esta alba amante,
afortunados de tenernos juntos
bajo el sol.

Nocturno

Angustia que partiste mi pecho a cuchillazos
Pablo Neruda

Entre las flores del frio otoño
infinita el alma del solitario
cuando ya el dia se desviste
se alumbra de ceniza las
naves del campanario

Si por el milagro de las ninfas
fuese la noche una lira eterna
los seria entonces por tus cabellos
que a mis dedos de errante
dan cada nota al crepusculario

Entonces te reconozco en las
tibias flores de mi llanto,
como un simple niño que al atardecer
se vuelve hombre
cuando amo tu cuerpo de puerto herido
donde no es maldíto
ni mi tristeza, ni mi nombre

En las noches de bruma blanca
desplazada, abierta como una corola tu alma
eres flor nocturna,
soy el jardinero que la azulada bóveda celeste
te trajo a la sombra
bajo el rocio eres como un ave
yo te amo, mientras se suceden como un caudal
las horas

Envenénate con mi luna
que ha raptado tu piel
yo la he traido para que tu escojas,
en cuál de sus rayos de plata
deseas dormir conmigo,
si es por amor,
lo harás en la hierba fresca
si es por olvido,
oculta estarás bajo la arena.

viernes 12 de junio de 2009

Amanecer

Me encuentras entre las naves
de las catedrales vacías,
y tu cuerpo de violeta imprecisa
se encuentra a mi lado
encendiendo entonces las brumas,
los los discos otoñales,
los dedos espectrales,
entre los árboles
se hacen dedos los rayos,
dentro de los ramajes hostíles.
Esta es nuestra ventana abierta.
Se quieren a besos las cortinas,
se quieren a gritos las sábanas blancas
en fin, se aman dos cuerpos,
el tuyo y el mío,
enm este amanecer que no acaba,
es infinito placer de saber entonces,
que al mirar tus ojos,
de nuevo es entonces la madrugada.

Mutismo

Era de noche cuando entró a la habitación. Le vio sentada en la cama, justo al borde, como una siniestra figura abandonada. Se acercó lo suficiente como para que sus cabellos, al pasar frente a ella, describieran sutiles hondas. Sus dedos tocaron las mejillas, el tacto de maestro le habia enseñado todo los colores de las superficies, asi que se sorprendió que su piel fuera tan suave, tan diáfana. Su rostro era de color marfil, la boca, que esbozaba una tímida sonrisa, era una cicatriz roja de la cual todo el que la viera se enamoraría. Asi lo hizo él, se sentía perdido. Era su silencio lo que le lastimaba, queriendo oir sus palabras tentó al destino, lanzándo preguntas como saetas perdidas. Ella siempre calló. Hasta que aquella noche no soportó más. Encendió un cigarrillo, que hizo un eco terrible en el cuarto abandonado. El humo llenó pronto el ambiente, y en un acto reflejo la colilla cayó de sus dedos hasta la línea amarillenta y sucia de la gasolina. Cuando el fuego empezó a consumirlo todo, finalmente se decidió a un último juego. Tomó su mano, cuyos poros ficitcios se sentian discretos al besarlos. Hundió la uña del pulgar sobre su carne, la mano no sangró, puesto que su materia no era real. La muñeca de cera empezó a derretirse, y en el último instante el silencio que tanto de le desesperaba se quebró como un violín lanzado al fuego, era su alma que se lamentaba, amar a un sueño es el peor castigo para los hombres.